Hace dos días iba de camino a
casa en el tren, y sin querer (queriendo) me vi absolutamente hipnotizada
escuchando una conversación que dos hombres mantenían en los asientos de al
lado. Más que una conversación era un monólogo interior de un hombre, ya mayor,
que al parecer desde muy joven se había interesado por el mundo de la
tecnología. Se descubría a sí mismo ensimismado recordando los primeros ordenadores
que conoció, todavía atónito e incapaz de creer que una máquina, en apenas 40
años, pudiera haber experimentado tal evolución. Rescataba de su mente, todavía curiosa, sus primeras hazañas con
aquel amasijo de piezas que un día le parecieron la máxima expresión de futuro.
Recordaba, con una sonrisa igual de entrañable que triste, cómo empezó a
utilizar los primeros programadores (que enseguida quedarían obsoletos) y
renegaba, con cierto orgullo, de cuando se pasaba horas y horas trabajando con
ellos. El tren, que luego pensé, en su tiempo, hubiera sido un invento tan excitante para
alguna persona como lo era el ordenador y la tecnología para aquel hombre, envolvía
su voz melancólica y la hacía resonar por todo el vagón hasta el punto de que,
estoy segura, todo el mundo participó en algún momento de su trayecto de aquel
relato de felicidad ya caduca, pero cargado de expectativas.
Pues me he dado cuenta,mientras me decidía sobre qué escribir, de que en el momento no vi la
versión más clara de su historia, algo tan evidente que ni me llamó la
atención: el hombre, desde la perspectiva que le había proporcionado el tiempo,
tenía la capacidad de admirar lo ingenuo que fue en su día al pensar que la inteligencia del
hombre había alcanzado su máximo nivel creando una máquina capaz procesar y
gestionar información tal y como lo hacía el ser humano y además en tiempo
récord. A él mismo le parecía ridículo admitir que lo que llamaba ordenador
necesitara 23 horas para programar una data, cuando hoy lo hacen en apenas dos
horas (no tengo mucha idea ni de fórmulas ni de algoritmos así que confío
plenamente en lo que el hombre decía -parecía convencido-). Pero insisto: es el tiempo lo que le ha hecho creer en esa certeza.
Ahora que su imagen del futuro ya será otra bien distinta y que tiene esa capacidad que solo regalan los años, le preguntaría qué piensa a día de hoy del concepto de futuro que tuvo en
su tiempo (con cambio de siglo incluido,
que siempre pone más emoción al asunto). ¿Su proyección de la vida del siglo
XXI se acercaba a la imagen que reconstruyó Ridley Scott en Blade Runner poco
después, en la década de los ochenta? ¿Había
llegado a pensar en que conduciría vehículos voladores por carreteras suspendidas
en el aire? Seguro. Sin embargo, a él también se le
pasó algo por alto. De lo contrario, más gracioso le
hubiera parecido aún verse cuatro décadas después en un
vehículo que todavía circula por tierra y que curiosamente poco dista del tren que
utilizaba cuando vivía entusiasmado por las expectativas que la nueva máquina
del futuro le había creado. Estoy
convencida de que no hubiera imaginado jamás que años más tarde muchos actos
cotidianos de su vida guardarían, todavía, estrecho parecido y que, al
contrario de lo que imaginó (incluso me atrevería a decir soñó) la desordenada
y caótica realidad que seguramente figuraba en su mente como representación de “futuro” estaba
todavía lejos de parecer real. ¿O no tanto? Y es que a pesar, de no vestir de
blanco, ni llevar el pelo decolorado, ni tampoco tener la capacidad de teletransportarse
el futuro quizá se haya disfrazado de
presente y sin haber anunciado su llegada haber pasado desapercibido entre la
pequeñeces de nuestra rutina.
Entonces, en una de esas miradas
que se improvisan al horizonte para evitar que te descubran en una conversación que no te pertenece,
apareció otra pregunta dibujada en un muro en forma de grafiti: “Hey chicos,
¿vais a algún lado o solo vais?”.
![]() |
| Para que no penséis que son solo palabras |
¿Llegaremos a dónde creemos que vamos?
PD: No sé muy bien en qué punto
del presente ni del futuro estamos pero la palabra “teletransportarse” Word todavía
la subraya de rojo y al intentar corregirla “no hay sugerencias”.

¡Hola Maite!
ResponderEliminarPor casualidades de la vida me he topado con este recién nacido blog y debo decir que me ha gustado mucho; este post, en concreto, está muy bien estructurado (a mi modo de ver). Curso el grado de Publicidad y RRPP, y como estudiante de Comunicación, también me tocado sumergirme en este tipo de proyectos on-line. Te recomiendo que lo aproveches al máximo porque, aparte de tener un espacio donde plasmar ideas, obtendrás nociones básicas sobre diseño web que a la larga te serán muy útiles. Todo son beneficios.
Un saludo.
Como bien sabes, yo también me vi ensimismada ante esta conversación mientras volvíamos a casa y, debo decir, que me parece que has plasmado de la mejor manera posible los sentimientos que resonaban en todo el vagón por sus palabras.Yo también considero que la evolución de las nuevas tecnologías se ha dado muy rápidamente; ha sido una búsqueda de la simplicidad y se sigue trabajando en ella hasta tal punto que hoy en día nos planteamos si quedan muchas más cosas por llegar; si algún día hablaremos atónitos sobre las sorpresas de las nuevas tecnologías de la misma forma que este hombre hablaba del cambio radical de los ordenadores o el tiempo que se tardaba en programar.
ResponderEliminarCon respecto a tu reflexión final, mis compañeros y yo en http://entrandoalfuturo.blogspot.com.es hemos decidido que ya estamos entrando al futuro, pero que, obviamente, existirá otro futuro, aunque totalmente diferente; condicionado cada vez más por las Nuevas Tecnologías.
La verdad es que en muy poco tiempo las Tecnologías han cambiado completamente nuestro mundo, ahora ya tenemos relojes inteligentes y otras innovaciones que seguramente cualquier persona del siglo pasado pensaría que eran posibles de lograr.
ResponderEliminarNosotros y nosotras nacimos en una época en la que parecía que llegábamos con un ordenador debajo del brazo y no nos cuesta nada acostumbrarnos a las Nuevas Tecnologías que día a día nos van llegando, pero muchas veces está bien, como este hombre hizo en el tren, reflexionar sobre como en tan poco tiempo la tecnología ha evolucionado.
¡Muy buena entrada! Refleja perfectamente el mundo en el que vivimos y las incógnitas que tenemos sobre nuestro futuro, relacionándolo con el tema del blog: las nuevas tecnologías.
ResponderEliminar¡Qué buena la entrada Maite! En el post se reflejan los dos puntos de vista más opuestos, desde los que se pueden mirar las nuevas tecnologías hoy en día, el análisis de una chica de 18 años y la historia de un señor de unos 70, o así me lo he imaginado yo. Yo me quedo con la frase del grafiti, por tantas veces que sólo vamos.
ResponderEliminarMuy interesante, la conversación y sobre todo la frase de la imagen, en la que posiblemente yo no me habría fijado, pero al leerla con algo de detenimiento da mucho que pensar. ¡Me ha gustado mucho la entrada!
ResponderEliminar